Ternadas (IX)

Luego, el comité pasó a explicarles con más detalle en qué consistía el cambio. Se les hizo poner en pie. No es que se dieran mucha prisa en cumplir la orden, pero un chico de quince años ―y no diré de quién era hijo―, tardó más que el resto en hacerlo, y eso provocó la risa de algunos que estaban a su lado. La señora Perales, miembro del comité, le hizo salir al estrado. Un par de profesores sujetaron al chico por los brazos, y le bajaron los pantalones para que la señora Perales le fustigara el trasero desnudo con una serie de azotes que toda la clase tuvo que ir contando, al unísono y en voz alta. Cuando llegaron a veinticinco, la señora Bermejo, miembro del comité, relevó con la fusta a la señora Perales, y así continuaron hasta más de setenta azotes, porque la señora Bermejo era más fuerte de brazos.

El señor Donoso, presidente del comité, tampoco andaba mal de brazos. Despachó él solito setenta y cinco azotes a cada miembro de un grupito, por pillarlos hablando. Uno de ellos se orinó encima. Dos niños intentaron escapar sin éxito. Después, los menores hubieron de desfilar, de uno en uno, delante del comité, para pasar revista a su aspecto personal, reseñando en cada caso los cambios a introducir. Se distribuyeron hojas con el primer tema de un tratado sobre urbanidad del que habría un examen la semana siguiente. A continuación, se retomó el curso normal de las clases. Cuando un alumno cometía una impertinencia o faltaba a las formas era fustigado de inmediato. Las fustas no pararon en toda la mañana, alcanzando a uno de cada tres alumnos.

A la hora de comer, los alumnos volaron hacia sus casas, a refugiarse en los brazos de mamá y papá. Los padres, que tenían instrucciones, les recibieron con los brazos abiertos, mostraron interés, aportaron consuelo. Pero no restaron una pizca de razón a las medidas adoptadas por el comité disciplinario. Había que ser fuertes, decían, fuertes y respetuosos para ser respetados. Era algo que se hacía para bien, algo que ahora no se podía comprender, pero que en el futuro se agradecería. Unas buenas notas y una buena disciplina eran necesarias. Se buscaba lo mejor para ellos en un plan que involucraba a toda la comunidad. No se puede esperar que esto les gustara a los más rebeldes, o a los sin remedio, y en algunas casas tampoco se estuvo quieta la fusta. Esa tarde, medio pueblo tenía dolorido, o bien el trasero, o bien el brazo, casi siempre el derecho.

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8 thoughts on “Ternadas (IX)

  1. Me das miedo. Es casi de manual la forma en que el poder se ha ido implementando, y ciertamente me estás infundando terror. Porque en el fondo el que los chicos encuentren consuelo en esos padres, que dicen amarlos y por ello aceptar que los torturen, ¿qué clase de amor es ese? Diría Fromm que en nombre del amor se cometen actos de un síndrome necrofilico, y aquí se da el caso. ¿Para hacer que mi hijo sea bueno debo destrozarlo primero? Hacer fuerte al otro a base de despedazarlo. Me hace recordar al Joker, cuando Batman le dice que ya se detenga y este se ríe y afirma que si no fuera por él y porque lo empuja a ser mejor héroe cada vez, ya estaría muerto. Así que, en lugar de molestarse, debería agradecerle. Y mira que el Joker es de los villanos más terrorificos de los comics.

    • Oh, sí. El Joker es mucho más retorcido. Yo no aspiraba a tanto, jajaja. Tengo una teoría, y es que, con esto de la conspiranoia mundial, la gente está volviendo a la mentalidad de los años ’50, cuando estaban aterrados por una posible invasión extraterrestre. Si esto fuera cierto, los villanos tipo Joker volverán con más fuerza. ¿Qué opinas?

      • Que tienes razón, pero yo añadiría algo que dijo el actual escritor de Batman: que la gente toleraba leer al Joker, y hasta les gustaba, porque hay cierta explicación racional en que el Joker está loco. Lo que dice él es que… no. Que el Joker de loco no tiene ni un pelo, y lo suyo es MALDAD PURA. Y que si nos empeñamos en ver la locura del Joker, es porque nos es intolerable pensar que un ser humano sea capaz de tales cosas. Como decía Hannah Arendt: podemos aceptar que una bestia nos mate, porque es bestia, pero ¿un humano? ¿alguien como nosotros? y quizá podríamos justificarlo si no tuvo opción, ¿pero y si lo eligió? ¿y si conscientemente quiso hacerlo? Creo que ese miedo es más natural y universal de lo que puedo imaginar.

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