Ternadas (X)

Al segundo día, un porcentaje alto de la población menor de edad presentaba síntomas de ansiedad o pánico, pero como esto no estaba permitido, comenzaron a fingir. Los padres sufrían de ver fingir a sus hijos, pero se mantenían firmes, dándose apoyo unos a otros. Había que ser fuertes, fuertes y calmos. Paciencia, valor, coraje, eran letanías que se escuchaban en todas las cocinas. Hubo casos graves, como era de esperar. Niños rebeldes, violentos, pero ahí se redobló, si cabe, la firmeza de los padres, a los que el resto de vecinos prestó especial apoyo. Dos adolescentes, que eran novios, huyeron del pueblo. La señora Bermejo tuvo que ser atendida en el centro de salud por una luxación en la muñeca derecha, de tanto usar la fusta. Al caer la tarde hubo otra reunión en el ayuntamiento. Rodrigo estaba serio (o sereno, como él se definió), al igual que estaban serios el edil y los demás asesores, el resto de ediles y el alcalde.

—La primera fase —dijo Rodrigo— se desarrolla según lo previsto. Es ahora cuando más dudas os van a surgir, pero recordad que la firmeza que aplicamos, nos la hemos de aplicar nosotros. Recordad que no queremos que nuestros hijos se conviertan en unos holgazanes, en unos impresentables.

Algunos asistentes empezaban a estar hartos de aquel vocabulario, pero no dijeron nada. El concejal estrella había reclutado miembros para su recién creado gabinete de comunicación. Se rumoreaba que a unos pocos kilómetros de allí, en pleno término municipal de Caujaringa, se iba a construir una planta de tratamiento de residuos. El discurso de Rodrigo no convenció, como era habitual. El edil no hizo declaración, ni tampoco descruzó los brazos hasta que llegó el momento de levantar la sesión. Antes de esto, se efectuó una nueva votación para medir el respaldo popular al proceso iniciado. Otra vez mayoría absoluta.

Entonces, apareció él. Llevaba sin pisar Caujaringa como cuatro años. Ninguna visita a sus padres, ninguna Navidad, vacaciones de verano, nada. En el internado de Guadingres no le fue bien al principio. Se hartó de recorrer el interminable pasillo que llevaba al despacho del director. Estrenó en sus propias posaderas tantos bastones como llegaban a manos de los profesores. Había fregado de rodillas cada pasillo, cada aula, el comedor, el oratorio, el hall… Había limpiado varias veces cada cristal del edificio de tres plantas. Entró con catorce años y estuvo hasta los dieciséis sin apenas “ver la luz”, como decían los profesores, siempre castigado. Después aprendió, poco a poco, a evitar los castigos. Aprendió a tratar a los adultos, y ahora sí podía salir en vacaciones. Pero no quería regresar al pueblo. No quería ver a sus padres, porque después de todo eran los que le habían metido allí, las caras que le venían a la mente mientras los azotes le abrían la carne de las nalgas. Los maldecía en silencio, con todo su cuerpo, con toda su voluntad, que no era poca cosa.

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4 thoughts on “Ternadas (X)

  1. ¡Y aquí es donde la cosa parece que se acabará de poner buena! ¡Ah!
    Quién diría que un chiquillo maleducado que es reprendido una y otra vez (¿alguien dijo negativismo? ¿alguien dijo revolucionario?) sea el primer eslabón del derrocamiento de un régimen tan terrible como el de Rodrigo. Pero tiene sentido, como su antítesis.

    “Al segundo día, un porcentaje alto de la población menor de edad presentaba síntomas de ansiedad o pánico, pero como esto no estaba permitido, comenzaron a fingir. Los padres sufrían de ver fingir a sus hijos, pero se mantenían firmes, dándose apoyo unos a otros. ”

    Esto es curiosisimo. Eso y que la gente, aun sin estar de acuerdo, igual alzaran la mano para decir que sí lo estaban. Y es curioso porque así funciona no sólo la sumisión sino el pensamiento de grupo, y la influencia de las mayorias, y el temor a la reprimenda (por aprendizaje vicario luego de ver lo que ocurrió a sus propios hijos). Es curioso porque manejas muchísimos niveles de estructura social y de dinámica cultural en apenas unas lineas.

    Yo antes me fijaba mucho en la musicalidad de tus textos porque creía – y aún lo creo, de forma secundaria -, que la mayor cualidad de tus textos era esa, pero ahora veo que no. Eres un paisajista de realismo.

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