Ternadas (XIII)

—Aquí todos me llaman Polonia.

—¿Y por qué?

—Porque son unos cazurros.

—Pues ahí lo tienes: yo no lo soy.

—Eres extraño.

—No, soy extranjero.

Ella rió.

—Te aseguro —dijo él—, que si sueltas los libros por un momento nadie te los va a quitar.

Ella volvió a reír y dejó los libros sobre la mesa, a un lado. La cocinera del bar se acercó por detrás y le dio a la chica una bolsa de plástico con una caja dentro.

—¿Por qué vistes así? —dijo él.

—Porque me obligan. El uniforme es obligatorio desde hoy. Es una de las medidas del plan de choque.

—Algo me han comentado. Estarás hasta el gorro.

Ella suspiró con todo el cuerpo.

—No sabes cuánto —dijo—. Con lo bien que estábamos hace dos días… Y todo por esos niñatos que asaltaron al cura.

—No te preocupes. Todo irá bien.

—Eso es lo que dice mi padre siempre.

—Te lo garantizo.

—Ahora en serio, ¿quién te ha dicho mi nombre? Ha sido Saskia, ¿verdad?

Él soltó una pequeña carcajada.

—No —dijo.

—¿Conoces a mi amiga Saskia?

—Sí.

—Pero bueno, ¿qué pasa contigo?

Heli miró a su alrededor con disimulo para asegurarse de que nadie estaba fisgando en la conversación, a excepción de los de la barra, que le seguían mirando de vez en vez.

—Sí soy de aquí —dijo—. Soy tan jeringuense como tú o más, sólo que he estado fuera unos años. Vamos, ¿no me recuerdas? Soy Heli.

Ella se quedó un rato mirándolo con la boca abierta. Luego dijo:

—¿El que iba detrás de la Saskia?

—Ese.

—Cómo te ha cambiado la voz. Me acuerdo que nos reíamos mucho de tu forma de hablar.

—Yo también me acuerdo.

—Estás más guapo. Más fuerte, más… No sé.

—Tú también has crecido. En todos los sentidos.

—Buf, pues si ves a la Saskia. Esa sí que tiene carne por todas partes.

Ella se mordisqueó la uña del pulgar y miró los libros.

—Oye —dijo—, tengo que volver a casa. Es que salí a comprar las pastillas de mi madre —agarró la bolsa de plástico que contenía la caja—. Ah, y a recoger unos dulces. Pero ya me estarán echando de menos, y como llegue tarde son capaces de castigarme. No sabes cómo está todo el pueblo con los castigos. Parece una cárcel.

—Lo sé. Piensa que es tu último año de colegio.

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4 thoughts on “Ternadas (XIII)

  1. “—Estás más guapo. Más fuerte, más… No sé.

    —Tú también has crecido. En todos los sentidos.

    —Buf, pues si ves a la Saskia. Esa sí que tiene carne por todas partes.

    Ella se mordisqueó la uña del pulgar y miró los libros”.

    No puedo evitar pensar que hay un algo de manipulación en la forma en la que se expresa, como queriendo quedar bien, como reuniendo gente para sus filas. Quizá ando loco y paranoico porque recién vi de nuevo Avengers y creo que cualquier gesto tiene escondido un ataque, pero, algo me dice que sí. ¿Acabará ella en fuego cruzado?
    Sería interesante….

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