Ternadas (XXVI)

—Llama a Saskia —dije—. Dile que la esperamos en la peluquería. Que se traiga las llaves.

Apolonia encendió el móvil y buscó el número de Saskia.

—Tienes que convencerla —dije.

—Sé cómo hacerlo, no te preocupes.

La peluquería de la madre de Saskia, o el salón de belleza, como lo llamaba ella, quedaba casi en la otra punta del pueblo. Además, había que esquivar la casa de Bentel, porque seguramente nos estarían buscando. Si alguien me reconocía, o me veía con Apolonia, se podía montar una buena. Y por si fuera poco, había que darse prisa, porque Heli estaría echando de menos a Apolonia y habría mandado alguien a buscarla. Al final de la calle, a unos doscientos metros, vimos salir de su casa a un tipo, con un casco de motociclista en la mano, dispuesto a arrancar la moto que tenía aparcada sobre la acera, una de ciento veinticinco. Era Barrancín. Apolonia me dijo:

—Vamos.

Empezamos a andar en dirección a él. Al llegar al cruce, Apolonia me desplazó hacia la izquierda.

—Espérame ahí —dijo—. Que no te vea.

Esperé. Poco después escuché cómo arrancaba la moto, cómo tomaba velocidad, no mucha, y se me iba acercando. La moto dobló la esquina donde me escondía, pilotada por Apolonia, que traía al brazo el casco de Barrancín.

—Sube —dijo.

Me dio el casco. Me deshice de la gorra y me lo puse. Era perfecto. Con aquella pantalla oscura nadie podía reconocerme. En unos minutos estábamos en la peluquería. Estaba cerrada, como todas las tiendas del pueblo. Nos colocamos a unos metros, yo todavía con el casco. La abuela de Irzún, que ya estaba muy mayor y andaba encorvada, apoyándose en un bastón, pasó por nuestro lado. Saludó a Apolonia con una pequeña reverencia y me miró de reojo. Pasaron dos coches. Nos agachamos para ocultarnos detrás de un Mondeo granate aparcado delante de la peluquería. Por fin llegó Saskia, caminando deprisa, mirando al suelo. Saskia estaba muy desarrollada para su edad y le gustaba que se lo dijeran. Yo se lo había dicho montones de veces, la mayoría mientras bailábamos agarrados en las fiestas de aquel verano. Entramos a la peluquería por la puerta trasera. Saskia ayudaba a su madre en la peluquería, así que era perfecta para mi plan. A puerta cerrada, cortó la melena de Apolonia hasta poco más arriba de los hombros, y dejó mi cabellera en seis milímetros. Después, tiñó el cabello castaño de Apolonia de rubio platino, y el mío lo cambió de rubio a negro intenso. Yo llevaba sin afeitar varios días, así que recorté los laterales de la barba y me dejé una perilla. Apolonia se deshizo del piercing del cuello.

Anuncios

2 thoughts on “Ternadas (XXVI)

Puedes comentar lo que acabas de leer

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s