Ternadas (XXIX)

—Esto es intolerable —dije.

Al principio nadie me reconoció. Me miraron entre confundidos y molestos hasta que mi forma de hablar les resultó familiar. Nadie se puso nervioso, y para nerviosismo ya tenía el de Apolonia, pero se notaba que todos esperaban que aquella escena terminase pronto. Las palabras no fueron las más apropiadas, pero conseguí hacerme oír.

—Es una vergüenza —dije—. La percha que hay en la puerta del aseo de caballeros, por dentro, está rota. ¡Arrancada! ¿Cómo se puede permitir eso? No, no, no. Ya os digo que esto va a traer consecuencias. Y de las gordas.

Heli me miraba, aburrido y sacado de contexto.

—¿Es que siempre tienes que dar la nota? —dijo. Mira qué pinta llevas.

—Tú cállate. Tú siempre vas con la coraza puesta. Yo voy con el corazón por delante.

—Un corazón no es más que una coraza monumental.

Todos rieron. Apolonia había salido del armario y se estaba colocando a su lado, abrazándolo con una ternura que me sorprendió negativamente. Entonces, él se llevó la mano al bolsillo trasero del pantalón y me tendió un sobre con mi nombre en el reverso. Lo abrí. Contenía dinero.

—Me niego a aceptarlo —dije.

Heli miró al suelo y dijo:

—Ah, vamos.

—Me niego en redondo. Está muy lejos de ser suficiente.

—¿Cuánto esperabas?

—No esperaba nada. He llegado aquí de pura casualidad. ¿Dónde están mis compañeros? ¿Cuánto les has pagado?

—Esos no son tus compañeros ni son nada. Toma lo que te ofrezco y deja de fastidiar.

Me estaba mirando a los ojos. Pensé que ya estaba bien de tentar mi suerte, así que me guardé los billetes e hice un gesto de paz. Todos volvieron a charlar entre ellos, pero se notaba que estaban sobreactuando. Me sentía confundido por la reacción de Apolonia, venga a hacerle mimitos a Heli, y comprendí que me había traído hasta allí engañado. Me resigné y le hice a Heli una mueca indicando que me marchaba. Él aprobó mi decisión con la cabeza, mientras bebía de su copa de champán. No miré a mi padre en todo ese rato. Ya me había contado, en el calabozo del cuartel, que no era mi padre biológico.

Al llegar a la puerta de la colegiata me entraron ganas de vomitar, pero aguanté. Deshice el camino andado y recuperé el Mondeo granate del padre de Sisley. Tomé la carretera en dirección a Caujaringa.

Anuncios

2 thoughts on “Ternadas (XXIX)

Puedes comentar lo que acabas de leer

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s