Balonazo (I)

El lunes no fue a trabajar. Tampoco llamó a su jefe, ni dio explicitaciones. Simplemente, no fue. Su jefe le llamó al día siguiente. Estaba preocupado, según dijo, porque ese día tampoco fue a trabajar. Porque esa forma de actuar no era normal en él. Le pidió que le llamase, pero Mario no le llamó. La voz de su jefe era como la del idiota del bar, esta mañana, el que ha dicho lo del balón azul. Madre mía. Ahora, todo el mundo está con eso. En todo Caideces, que no es por nada, pero sigue siendo el mejor barrio de Santa Pétula, se escucha la misma cantinela. Cuando quieren llamar rico a alguien, dicen que ha encontrado el balón azul. Pandilla de cretinos…

También llamó la hermana de Mario mientras yo estaba allí, sentado en su silla, mirando la pantalla de su ordenador, y él junto a mí, tirado en el sofá, sin prestar la menor atención, ni a mí ni al resto del mundo. La hermana llamó para echarle en cara el plantón, con la comida hecha y los niños esperando ver a su tío, el día del cumpleaños del más pequeño. Le ordenó que le llamara, pero Mario tampoco movió un dedo en este caso. La voz de la hermana me recordó a una compañera de la fábrica, bastante mona. Una que se recogía el pelo con una cinta rosa fucsia.

En la fábrica había tres compañeras que siempre se iban a tomar café cuando más faena había. Encima, es que no avisaban. De repente, te veías desbordado de trabajo, sin nadie a quien pedir ayuda. Eso me estresaba mucho. Corría por la nave, de un lado a otro, buscando la transpaleta o un rollo de cinta de embalar. Las cajas con los tacos de goma para las mesas nunca estaban donde las habías dejado. La prisa hace que falles, los fallos se convierten en accidentes y ya tenemos el lío. La prisa tiene la culpa de todos los cortes que me hice en los brazos con el cúter, y en los dedos. Una vez, casi me quemo un ojo con un soplete. Por no hablar de otra en la que se me enganchó la pernera del pantalón en el transportador de rodillos y casi me quedo sin pernera, y sin pierna. O aquel turno de noche de sábado que me dio por ayudar al Ewok con un paquete de sillas de la máquina dieciséis. El Ewok creo que se llamaba Juanvi. Era lo más torpe que he visto llevando una carretilla elevadora. Había conseguido que le enchufasen para carretillero los fines de semana, en turno de noche, así que cada tres semanas, más o menos, me tocaba de carretillero al Ewok.

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12 thoughts on “Balonazo (I)

  1. Cuáles serán los motivos de la furtiva desaparición…. Lo veremos…
    Por cierto, me encantó esta oración: ¨La prisa hace que falles, los fallos se convierten en accidentes y ya tenemos el lío¨. Sí, es así, coincido. Abrazo para vos José. Aquileana ⭐

  2. “Por no hablar de otra en la que se me enganchó la pernera del pantalón en el transportador de rodillos y casi me quedo sin pernera, y sin pierna. ”

    Jajaja. Siempre encuentras la forma de que algo tan grotesco como perder una pierna por descuido suene gracioso. Me siendo un poco sádico. Sólo un poco. Y a todo esto, ¿eso del balón azul ocurre realmente en algún lado o te la has inventado tú? Porque si te la has inventado tú, tiene toda la pinta de ser algo que dirían por mi calle, al menos cuando todos jugaban fútbol. Acá dirían “dorado” o “amarillo”, pero para el caso sería lo mismo.

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