Balonazo (II)

La carretilla perdía potencia con el Ewok encima, porque lo que es el sujeto, no cabe en mi bañera. La cuestión es que había enganchado un palé de sillas, precintado y con sus etiquetas, pero esos paquetes tenían cuarenta y cuatro sillas de altura, a las que había que sumar un palmo y pico del propio palé. Total, un paquete alto, pesado, con poca base, difícil de manejar. Cuando pasé por allí, el Ewok estaba haciendo maniobra para enfilar el pasillo hasta la salida de la nave, pero se había quedado encajonado entre dos máquinas. Después de mucho arrancar y frenar, parecía que lo estaba consiguiendo, pero, en eso, dio marcha atrás a lo bruto y el palé cayó hacia delante, hacia mi derecha, justo encima del Abuelo, que debía ir pasado de vino para estar allí operando tan tranquilo. Pero, ¿qué podía hacer el hombre? No le estaba permitido desatender la máquina, hiciera el Ewok la maniobra que hiciera. ¿Tenía fin aquella maniobra? De momento, la pila de sillas caía encima del Abuelo y yo, que estaba a dos pasos, me coloqué delante suyo para detenerla. Lo que se dice detenerla, la detuve. Ahora, los músculos de mi brazo derecho no estaban preparados para soportar aquel peso, de forma que la maniobra del Ewok me costó un desgarro en el antebrazo, sin que el Abuelo se alterase en ningún momento. Me cogí la baja. Bendita baja.

Estar de baja no era fácil. Grinda, mi mujer, me echaba de casa cada dos por tres, con cualquier excusa, bien por reírme cuando no tocaba, bien por no reírme cuando tocaba. Crecimos separados por un vertedero, por lo que es justo decir que entre nosotros siempre hubo mucha porquería. Estaba de uñas. Estaba mosca porque no le hacía caso. Quería que me iniciara como chulo de prostitutas y yo, que creí en Dios hasta que vi el mar por primera vez, no estaba por esas. Mi trabajo era malo, sí, pero más vale malo conocido que mal acompañado. Su hermano, que se ganaba la vida vendiendo encíclicas a domicilio, como la Larousse, la Espasa, la Británica y todas esas, se había convertido en chulo, porque más corre un galgo que cien volando, y no en cualquier chulo, sino en un chulo que manejaba mucho dinero, hasta que le metieron en la cárcel. Cuando me enteré de que lo habían trincado, salí a la calle y me gasté medio sueldo en lotería.

Anuncios

6 thoughts on “Balonazo (II)

  1. Típico. Te enteras que alguien es arrestado y gastas tu sueldo en lotería. Ese detalle me encantó. ¿Será porque eso es una forma más honrada de ganar dinero que de chulo? ¿O sólo celebraba su libertad gastando dinero que bien pudo haber usado en… cualquier otra cosa? jajaja.

Puedes comentar lo que acabas de leer

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s