Balonazo (VI)

Me quedé quieto.

—La semana que viene volvemos —dijo.

—Ah, muy bien —dije yo.

Salí al mostrador, casi encima de la calva de Pericles. Él no parecía alterado en lo más mínimo, y esto me confundió. Además, estaba empezando a sonreír, de patilla a patilla.

—¿Qué te ha parecido? —dijo.

—Ah, bien, sólo que eso último…

—¿El qué último?

—Creo que se ha desmayado una de las chicas. O se ha muerto.

—No digas tonterías. Será parte de la película.

—Pues no parecía.

—Tonterías.

—Bueno, pues tonterías. Tengo que irme.

—Ve con el diablo.

—Me han dicho que vuelven dentro de una semana.

—Genial, ¿no? A ti espero verte mañana.

—Claro.

Andaba medio mareado calle abajo, con el brazo hinchado como una pelota. No tenía ganas de volver por la tienda de Pericles. Ni siquiera para ver mujeres con pechos como capazos. No valía para chulo, igual que los músculos de mi antebrazo no valían para aguantar un paquete de sesenta y cuatro sillas de plástico, apiladas en cuatro montones. Tampoco tenía ganas de volver a la fábrica a ver al Ewok y al Abuelo, sin olvidar que en casa me esperaba mi mujer, seguramente escocida todavía. Iba a mi casa porque se suponía que era donde tenía que estar, pero no porque quisiera. O sea, que andar, andaba, pero sin ganas. Tuvo que ser esa falta de ganas de ir a ningún lado, esa desorientación. De pronto me vi parado junto a una farola, hablando, y estuve así un buen rato. Pero no hablaba con la farola, porque de vez en cuando decía mi nombre. No recuerdo qué decía, pero lo decía muy convencido. Mucho. Eso no me había ocurrido nunca antes, que yo sepa.

Al llegar a casa fui a la cocina, donde Grinda estaba preparando unos huevos revueltos, y le dije:

—Mañana me voy a quedar en casa todo el día. Y pasado, también.

Ella se dio la vuelta con la paleta de cocinar en la mano. Por un momento creí que me iba a pegar, pero estaba horrorizada. Tenía los ojos muy abiertos. Me miraba sin decir nada. Al final, me dijo en voz muy baja:

—Como quieras.

Siguió cocinando. Salí de la cocina con el pecho inflado. Me había hecho valer. A lo mejor podía conseguir que me respetara. Lo malo es que, ni al día siguiente ni al otro, los dos últimos días de la baja, conseguí volver a hablar así, por más que lo intenté. Pensé que había sido algo pasajero y me olvidé de la historia.

Anuncios

4 thoughts on “Balonazo (VI)

  1. “Iba a mi casa porque se suponía que era donde tenía que estar, pero no porque quisiera”.

    Me encantó.
    Y esa ultima escena, con el protagonista viendo a Grinda, probablemente con éxtasis y lleno de horroroso poder… que bien retratas el efecto que tiene la muerte y el poder en algunos

Puedes comentar lo que acabas de leer

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s