Balonazo (VII)

El lunes fui a trabajar como siempre, en turno de tarde. Mientras fichaba me acordé del primer día en la fábrica, cuando la jefa de Recursos Humanos nos dio la tarjeta con el número de operario. Al llegar a la entrada de la nave había unos cuantos compañeros esperando. Me miraron raro, porque me había afeitado la cabeza, sólo por hacer algo, por cambiar, pero nadie me dijo nada. También estaba el encargado, uno con cara de policía. Era el peor de los tres que teníamos. Le saludé y no me respondió. Vi en el tablón que esa tarde me habían apuntado como apoyo de tres máquinas. Faltaban como quince minutos para empezar la jornada, así que dejé mi mochila al lado de la máquina que echaba mesas de jardín, saludé al compañero, que estaba contando los minutos para marcharse y me fui a tomar un café.

En la sala de tomar café había tres máquinas, una de café y otras dos con cosas de comer empaquetadas, galletas dulces, galletas saladas, bocadillos resecos y otras guarrerías. Ah, y la máquina de refrescos y agua de litro. Allí estaban todos, sentados en la misma mesa: el Abuelo, contento de verme, porque así podría aprovecharse de mí para que le hiciera algún relevo; Tobías, que era raro que estuviera allí, en vez de estar junto a la garita del encargado, para ser el primero en empezar la jornada; Pancho, gritando como un loco porque se había quedado sordo de un oído al recibir una patada practicando full-contact; y Riki, un chaval muy flaco que llevaba unas letras chinas tatuadas en las cervicales. Pancho también llevaba un tatuaje en el hombro, un puñal atravesando un corazón. Decía que era por si se encontraba con ella, refiriéndose a su ex mujer. La risa que les dio nada más verme con la cabeza rapada les duró un buen rato. En la mesa de al lado estaba el Ewok, solo. El Ewok hacía bastante la pelota a los encargados. Por eso no lo saludaba nadie, aunque yo sí lo hice, con un poco de disimulo.

Me senté con mi café a la mesa para escuchar las frases de siempre:

—El café de la máquina es una basura. Y eso que esta fábrica tiene un capital circundante de muchos millones.

—Esos de las noticias solo hacen que manivelar la opinión de la gente.

—Está subiendo la inflazón. Va por el tres coma dos por ciento.

—El dólar se ha despreciado.

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