Balonazo (XIV)

No estaba contento con lo que había hecho, así que agarré la avispa por las alas y la llevé a la cocina, la puse sobre el mármol y, con el mechero de encender el fuego, le quemé las alas y las patas, hasta que el bicho se convirtió en una bola pequeña de color oscuro, así como marrón, muy feo. El olor era como de maíz frito, por lo que pensé en comérmela, pero no lo hice. La tiré al cubo de la basura, y entonces me acordé del vecino, y del niño que arrastraba por la calle. Ya no tenía sentido salir a buscarle, porque seguramente no lo iba a encontrar. Me senté en el sofá y me puse a tararear una canción de las del coro.

Mi primer día sin trabajar. Tenía que procurar quedarme en casa, que es lo mejor que puede hacer uno cuando tiene poco dinero. Estarse quieto. Porque salir a la calle cuesta dinero. Vale, tienes que salir de vez en cuando. Das un par de vueltas por el barrio, te sientas en un banco del parque… Eso es gratis, pero todo lo demás cuesta dinero. Visitar a los amigos cuesta dinero. Si te visitan ellos, también cuesta dinero. Tenía que evitar todo eso. Sólo decir “gracias” a las cajeras del supermercado.

Al cabo de una hora, recibí un mensaje de Pancho invitándome a su fiesta de cumpleaños. Algo dentro de mí dijo:

—No pretenderás ir, ¿verdad?

Otra vez esa voz. No era una voz normal. No la escuchaba como mi voz o la voz de cualquier otro, pero tenía el mismo efecto que una voz que asusta o da órdenes. Esa voz era más rápida que la mía, porque yo no hablo tan deprisa. Nadie habla tan deprisa. Por eso creo que salía de mi cabeza. Decía palabras que yo no conocía, o no usaba. Tenía el poder de dejarme paralizado, y eso yo creía que era bueno, porque pensaba que sería algo como la fuerza de la razón deteniéndome siempre que iba a cometer una torpeza. En fin, no sé explicitar bien cómo era. Sólo sé que daba órdenes muy poderosas a mi cerebro.

Ahora me estaba diciendo que no se me ocurriera aparecer por la fiesta de cumpleaños de Pancho, porque la voz sabía que, al ver el mensaje, me había apetecido. La voz empezó a decir que, después del despido, iba a ser un engorro volver a encontrarse con aquel montón de viejos amigos. Me convenció de que alguno de ellos había tenido una actitud hacia mí un tanto dudosa. Vamos, que no habían sido todo lo amigos que uno pudiera esperar. Razones no le faltaban, a la voz, y acabó por convencerme. Me olvidé del cumpleaños de Pancho. Me llevé la mano al bolsillo del pantalón y encontré los tres billetes de diez pavos que me habían dado por el strip-tease. Pensé en trabajar de stripper, pero Grinda no me hubiera dejado.

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2 thoughts on “Balonazo (XIV)

    • Me sigue interesando más lo que te ha transmitido, si quieres contármelo. Esta parte es una pieza más del relato, donde se exploran puntos de la psicología del personaje. ¿Me dirás tu opinión? La espero 😉

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