Balonazo (XVI)

Me acuerdo del calor que hacía, en pleno verano, igual que ahora, y me viene a la cabeza la estampa del pesado ese del bar, esta mañana, venga a decir tonterías. El balón azul. ¿Qué sabe él de eso? ¿Qué sabe nadie de eso? Pues nada, ya te lo digo yo. Nada en absoluto. Lo mismo que el vecino. Parecía tonto, paseando con su condenada carga para aquí y para allá. Se debía pensar que nadie lo veía, o algo así. Ya me tenía hasta el gorro, y una tarde de esas, mientras estaba apoyado en la barandilla del balcón, a ver si pasaba alguna zagala con un escote importante, me vi venir al vecino con una niña agarrada por los pelos. El muy sinvergüenza… No tuve tiempo ni de ponerme los pantalones. Salí a la calle con los del chándal y la camiseta azul de la fábrica, la que tenía un agujero en el sobaco derecho, que ahora usaba para ir por casa.

No tuve ni que salir a la calle. Cuando llegué al portal, él estaba abriendo la puerta. Lo encaré y le dije:

—¿Tú qué te crees, macho?

Él se quedó muy sorprendido, pero yo seguí:

—¿Adónde vas con eso? Te crees que todos somos idiotas, ¿no? Te crees que nadie se da cuenta de lo que transportas, ¿no?

—Mira, no es asunto tuyo…

—No, pero si voy y te denuncio, te vas a enterar.

Se puso blanco.

—Mira —dijo—, no hace falta. No sé a qué viene esto. ¿Podemos hablarlo en mi casa tranquilamente? O en la tuya.

—Está claro que si alguien quiere comer peces, el mulo se ha de mojar. Pero esto ya se pasa de castaño oscuro. ¿Te llega?

Me lo quedé mirando unos segundos. Él estaba a punto de pegarme, lo sé. Después, bajé la cabeza.

—Anda —le dije—, márchate y que no te vea hacerlo más.

Le dejé subir en el ascensor y después subí yo.

A la semana siguiente, en el ensayo del coro, el director me miraba intrigado. Yo hacía como que no me daba cuenta, mirando el papel con la letra de la canción, pero sabía que me estaba mirando. Cuando terminó la tercera canción, hizo callar a todo el coro y me puso a cantar mi parte yo solo. Me puse a cantar y su cara pasó del espanto más espantoso al placer más grande, en cuestión de segundos. Me hizo callar. Me hizo continuar. Callar. Continuar. Callar.

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