Balonazo (XVIII)

Cuando se marchó, creí que me volvería la salud, pero me equivoqué. Me dolía la cabeza. Tenía ganas de vomitar, pero no había manera. Si intentaba levantarme, me entraban los mareos y la habitación empezaba a dar vueltas otra vez. Me sentía mal y me sentía culpable. Estaba así de enfermo por las cosas que me habían pasado, por el despido, por esa voz. Empecé a pensar que era la voz lo que provocaba aquellos mareos y ganas de vomitar. No traía más que problemas. También me acordé de las escenas violentas de los días anteriores: la vieja que me echó la maldición en la tienda de Pericles; las actrices muertas en la trastienda; la llave que le hice a aquel tipo en el bar donde me llevó el Abuelo; el strip-tease en la fábrica; la avispa que asesiné en el salón; la bronca con el vecino en el portal.

El tatuaje de Pancho, ese del puñal atravesando un corazón, se me aparecía todo el rato. Lo veía en la pared que tenía delante, en el suelo, en la almohada, en el techo… Me acordé de una cosa que me contó un día en la fábrica. Había salido a la calle una noche, con su ex mujer. Se iban de fiesta. Él se había echado tanta colonia que se encendió un puro y se chamuscó las greñas. Me imaginé su cara de sorpresa, su pelo quemado, y en vez de darme risa me dio pena. Me daba miedo y tristeza. Era la violencia la que me tenía allí echado, sintiéndome mal y sin poder vivir. Decidí que no quería violencia nunca más, nunca más, nunca más.

La botella era verde, pero no como las de vino. Era un verde más claro, mucho más claro, y en la etiqueta decía: “Perrier”. Grinda me sujetaba la cabeza con una mano y tenía el vaso lleno en la otra. Sus ojos, que nunca fueron pequeños, parecía que querían tragarme. Tuve miedo de sus ojos, y se lo dije, pero ella no me escuchaba. Me puse a gritar y ella me echó el agua por encima. Después, me echó de la cama y cambió las sábanas. Mientras lo hacía, me acurruqué en el suelo, tratando de no moverme para que no me golpease, y así pasé el tiempo hasta que terminó. El suelo estaba fresco y se sentía muy gustoso. Me repetí que no quería violencia nunca más. Creo que Grinda también lo dijo un par de veces, pero no podría asegurarlo.

Anuncios

2 thoughts on “Balonazo (XVIII)

Puedes comentar lo que acabas de leer

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s