Balonazo (XX)

Al día siguiente, me desperté tarde, pero con más salud. No fue el mejor día de mi vida, pero los mareos se habían marchado y me sentía más fuerte. Grinda no estaba en casa. No tomé café, pero salí al balcón un rato. Allí estaba otra vez el vecino de al lado, saliendo del portal. No entendí cómo podía ir con aquel chándal con el calor que hacía esa mañana. Yo iba en pantalón corto y él con su chándal gris. Me acordé de la bronca con Grinda, la mañana anterior. Basta que no quieras violencia para que todos te pisen. Basta que enseñes los dientes para que te dejen en paz. Así funciona, sólo hay que entenderlo. Yo lo había entendido de una vez. Me había costado veinticinco años, pero lo había aprendido. Me sentía muy fuerte de ánimo.

Los miedos del día anterior habían desaparecido. En verdad, todos mis miedos habían desaparecido. Me puse a pensar y no encontré nada que me diera miedo en ese momento. Sólo para estar seguro, me dije que haría una prueba. Entraría en casa del vecino, aprovechando que no estaba, y le tomaría alguna cosa en prenda. Total, como era un mal sujeto de mala vida que transportaba cadáveres, no iba a denunciarme. Ya no tenía miedo de sus golpes. Yo le iba a devolver cada golpe. Le iba a ganar. No era un rival, ni mucho menos. Lo iba a aplastar. Lo iba a poner de rodillas como al idiota aquel del bar donde fui con el Abuelo. Con la misma llave.

Cogí prestada una horquilla de mi mujer y salí de casa. Escuché los ruidos del rellano, para asegurarme de que podía operar sin problemas. Pegué la oreja a la puerta del vecino de al lado. No se escuchaba nada dentro. Para asegurarme, toqué el timbre. El riquirrín del timbre se mezcló con el tun-tu-pac de los vecinos del otro lado, que siempre ponían la música a todo trapo. Nadie respondió. Después de tres intentos, estaba completamente seguro de que el vecino no estaba en casa. Utilicé la horquilla. Yo no había hecho aquello nunca, y no tenía mucha fe en conseguirlo, pero después de unos segundos de intentar abrir la cerradura, vi que la puerta estaba abierta. Mejor que mejor. Entré con mucho cuidado y cerré la puerta.

La casa del vecino no olía ni bien ni mal. Si acaso, olía un poco a cerrado. Pero bueno, ese era su problema.

Anuncios

Puedes comentar lo que acabas de leer

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s