Balonazo (XXX)

Pensaba en Grinda. Primero, quería que me hiciera como su primo y chuleara prostitutas; después, me regañó porque me despidieron de un trabajo que era “digno”, según ella. Ya lo dice el refrán: si honrado fueres, despacio te las vieres. Lleva días tratándome como si fuera otro. En verdad, soy otro. Yo sé lo que le gusta, pero ya no me preocupa eso. Y así, pensando en truleces, se me pasó el tiempo volando hasta que llegamos a la segunda parada, de las tres que hizo el tren.

No mucho tiempo después de que arrancara otra vez el tren, llegó un niño por el pasillo, vestido con ropa de la mejor calidad, que llevaba en las manos un balón de color azul. El balón estaba completamente nuevo, como los que sacan al campo en los partidos de primera división. Me extrañó un poco que el niño fuera por aquel tren como perro por su casa, pero no le di importancia. Después, el niño se puso a preguntar por el señor del koala. Mi compañero de asiento, que yo creía que estaba dormido, sacudió la cabeza y dijo que era él. El niño le dio el balón y le dijo:

—Mi padre, mi hermano y yo le damos las gracias por dejárnoslo. Que tenga un buen día.

El del asiento de al lado abrazó el balón y se volvió a dormir. Yo me empecé a poner nervioso, porque faltaba poco para llegar al destino y Brenda no me había llamado. Mi compañero de asiento fue al aseo, pero se llevó el balón con él, como si tuviera miedo de que se lo quitara, o algo así. Cuando volvió del aseo, sonó mi móvil. Entonces, él se levantó como un resorte y volvió a marcharse con el balón en la mano, como un futbolista. Eras tú quien llamaba, madre, ¿te acuerdas?, preguntándome lo de siempre: cómo iba todo, cómo estaba Grinda, por qué no iba a comer un día a tu casa… Notaste que algo no iba bien, ¿verdad? Me preguntaste como cinco veces qué le pasaba a mi voz. No era el momento de explicitarte nada, así que te dije que todo estaba bien y que ya hablaríamos, pero no creo que eso te aclarase mucho las cosas.

Cuando faltaban como cinco minutos para llegar a la estación de destino, sonó el móvil de Brenda.

—¿Lo tienes? —dijo.

—No, todavía no tengo nada. Esperaba que me llamases.

—¿De qué estás hablando? Te he llamado hace más de una hora. Te he dicho: “En la próxima parada subirá un niño que preguntará por el señor del koala. Tienes que decirle que eres tú. Te dará un balón azul que contiene el idrurio. En cuanto lo tengas, me llamas.” ¿Es que no te acuerdas? También te he dicho que no te escuchaba bien. Que si lo habías entendido, que golpearas siete veces el auricular. ¡Y tú has golpeado siete veces el auricular! ¿Dónde está el balón?

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5 thoughts on “Balonazo (XXX)

  1. Un señor con un Koala, en un micro, un idrurio y un balón azul… Qué grandes elementos incorporás para darle un giro fantástico, casi inverosímil a tu relato, querido José… Bueno leerte, como siempre. Un abrazo. Aquileana ⭐

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