Motocarro (XIII)

La idea del cajero no le gustó. Empezó a desplazarse poco a poco hacia la derecha para cortarme la retirada, o eso pensé yo, que seguía de espaldas al espejo y tal vez me estaba desplazando hacia la izquierda. El tipo no se fiaba. Exigía que le mostrase la cartera. Apartó el recogedor sin soltar la escoba. A lo mejor pensaba utilizarla. Estrangulaba el palo con los pulgares, igual que la botella de champán. En la trastienda se volvió a escuchar la puerta de antes, la que supuse que comunicaba con el portal, y a él este ruido pareció molestarle más de la cuenta.

Sudaba. Un mechón mal teñido de rubio colgaba sobre su frente, las mejillas rojas por el champán y, sobre todo, es que no se creía que Epo no llevara más dinero, y Epo confiaba en que no fuera tan canalla de exigirle lo que le había ofrecido en un principio viéndole apurado. Pero el parecía muy seguro de que ese dinero era suyo y Epo se lo tenía que dar. Epo miraba de reojo un secador que había a su derecha, sobre el banco de mármol. Decidió que, si el tipo avanzaba con la escoba, se lo estamparía en la cara.

El peluquero hizo un respingo. Cambió de mano la escoba. Entonces, salió de la trastienda, a mi derecha, un tipo en edad de jubilación anticipada, sin duda el socio, el que no atendía a razones. Llevaba gafas, camisa azul de oferta, los vaqueros de toda la vida y un cabreo superior a todo lo imaginable. Estalló en gritos, preguntando al peluquero qué se proponía hacer con aquellas tijeras, fijándose en mí después, por lo que tuve que explicarle con la mirada que era un cliente. Algo difícil de creer cuando a mi lado estaba la botella de champán, junto a los vasos, y aquel hombre me preguntaba cuál era el problema, y el peluquero gritaba que yo no estaba dispuesto a pagar el servicio, y yo gritaba que estaba dispuesto a pagar lo que era justo, señalando el billete de veinte que aquel gañán aún tenía en su mano sudorosa. El viejo quería explicaciones y le seguía turbando la botella de champán, y los vasos, junto a Epo, sobre el mármol que no estaba de moda.

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