Motocarro (XXI)

—Estaba mirándote la cabellera y me he acordado, no sé por qué, de una tarde de un día como hoy, hace diez años. Esa tarde también había quedado con mi amigo Blas. Fuimos a Los Corronchales, a celebrar que me habían dado un trabajo de camarero en el hotel Continental. Cuando me iba a casa, unas horas después, me di cuenta de que tenía que haberme cortado el pelo. El tipo que me entrevistó me dijo que era el candidato ideal, de no ser por mis rizos abultados. Eran ya casi las ocho cuando me di cuenta. Me fui corriendo a la peluquería y después de un montón de problemas, que no te cuento por no aburrirte, conseguí que me cortasen el pelo. Pero al salir de allí vi que me habían arreglado sólo la parte de abajo de la cabeza, con lo cual mi aspecto era todavía peor que antes de entrar. Me fui a casa. Cuando estaba llegando al portal empecé a escuchar música a todo volumen, que salía de alguna casa. Era un escándalo. Todo el mundo que pasaba por la calle se paraba a mirar y a quejarse. Pasé por entre la gente y me metí en el portal. La música seguía oyéndose, y también las quejas de algunos vecinos. Tomé el ascensor, llegué a mi piso y ¿qué crees que pasó? La música salía de mi casa. Me había olvidado de apagar el equipo de música, y por lo visto tenía programadas unas canciones, así que estaba atronando a todo el barrio. Lo apagué inmediatamente, pero no fue suficiente. Recibí amenazas de vecinos durante quince días por lo menos. Y bueno, volviendo con el asunto del pelo, la verdad es que yo sabía que ni con un poco de gomina podría arreglarlo. Al día siguiente, nada más levantarme, me puse manos a la obra, pero el tubo estaba casi vacío, y la poca que quedaba se había secado por no usarla en años, de forma que no servía para nada.  Total, que me marché al hotel, porque tenía que estar allí a las siete y media de la mañana.

—Y ¿qué pasó?

—Nada. Le di todas las explicaciones que pude al encargado, pero no me hizo ni caso. Me despidieron.

—No tienes aspecto de camarero.

—Ah, no. Hace mucho que no sirvo cafés. Mi suerte cambió mucho aquella semana. Y tú, ¿estás trabajando como psicóloga?

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