Cero errores (I)

Eran las siete y media de la tarde cuando Ploteo, en el centro del escenario, tomó la guitarra con sus manazas, la levantó por encima de la cabeza, como había hecho a esa hora todos los días en los últimos cinco años. En una serie corta de movimientos precisos, exactos y mecánicos se la colocó al cuello, puso sus dedos sobre el mástil y, en un certero giro de los dedos índice y pulgar de la mano derecha, le dio volumen.

Después de cuatro segundos de silencio, la cascada de notas que salía a borbotones del amplificador inundó el aire. La bandera de la Gran Alianza de las Naciones presidía aburrida el evento y se dejaba empapar por las ondas musicales y la reverberación que producían en la cúpula de cristal del auditorio de Tectópolis, por la que entraban los rayos de un sol que ofrecía sus últimas horas de luz en aquella tarde de verano.

Ploteo, con sus ojos negros fijos en el fondo del auditorio, interpretaba la pieza inicial, la misma de todos los días, la “Suite para laúd en mi bemol mayor”, de Johann Sebastian Bach. Sus dedos ligeros ejecutaban los movimientos con una precisión inigualable, y esta era una de las características de Ploteo. Cero errores. Una ejecución perfecta, como cada día. Un tempo exacto y una riqueza de matices que hubiera conmovido al más frío de los espectadores. Un rayo de luz que atravesaba los cristales de la cúpula se proyectó sobre su cuerpo blanco.

Cuando la pieza concluyó volvieron a escucharse cuatro segundos de silencio. A continuación sonó “El Decameron negro”, de Leo Brouwer, seguido del “Vals número cuatro”, de Mangoré, y así hasta completar el repertorio de hora y media, que finalizó, como siempre, con el “Capricho árabe”, de Francisco Tárrega.

La reacción del auditorio fue la misma de cada tarde. Al desvanecerse en el aire la última nota, se escuchó un aplauso artificial disparado por una máquina que lo propagaba a través del equipo de sonido de las instalaciones. El aplauso duró exactamente veintitrés segundos y tres décimas. Ploteo no se inmutó. En otra serie de movimientos mecánicos, anuló el volumen de la guitarra, se la quitó de encima y la depositó sobre el soporte. Se desplazó hasta el amplificador y lo desconectó. Después, bajó del escenario y se dirigió a la salida.

 

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One thought on “Cero errores (I)

  1. Ploteo!!! Me encantan los nombres de tus protagonistas… Jajaja… Describes la escena de tal modo que me parece estar en el auditorio. Es todo tan mecánico. ¿Son personas de verdad? Por cierto, el guitarrista me recuerda la foto tuya ue tienes tocando la guitarra hace algunos años. Me alegra tanto que hayas empezado otra historia. Un beso.

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