Burkina Faso (completo)

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Burkina Faso (y XVII)

Pero no llegó a su cita con el abogado ni, por tanto, a cumplir su promesa. Se salió de la carretera, chocó contra un árbol y murió camino del hospital. Lo normal cuando se bebe mucho, se toman pastillas y se conduce de pena, aunque Fredy insistía en que había sido un sabotaje, que alguien había manipulado el motor del descapotable. Él y Cristina tuvieron que ocuparse del funeral. Se gastaron casi todo el dinero que ella les había dado.

—De esto hace una semana —dijo Fredy—. La policía trata de localizar a su familia. Nosotros no sabemos ni su apellido. Sigue leyendo

Burkina Faso (XVI)

Hizo una pausa.

—Veo que usted es buena gente —dijo—. Si no lo es, ya puede ir olvidándose de hacer negocios conmigo.

—Hasta en el Burkina Faso habrá alguien bueno —dijo Fredy—. Usted, por ejemplo. ¿No es usted buena gente? Porque, para saber tanto de ese sitio, ha tenido que ir mucho por allí. Sigue leyendo

Burkina Faso (XV)

—¿Qué has dicho?

—Que bajes la capota —gritó Cristina desde el asiento trasero del Porsche—. Hace demasiado viento.

Fredy no conducía, aquellos bestias le habían dejado para el arrastre. Se despanzurró en el asiento del copiloto del Porsche y trató de dormir, de olvidar el episodio. Pero, en cuanto se movía, le dolían las heridas, y eso le traía malos recuerdos. Miraba el cielo del anochecer preguntándose cuántos kilómetros les separaban del hotel. Sólo pensaba en dormir. Sigue leyendo

Burkina Faso (XIV)

Morris veía a Fredy como el típico listillo que chulea a tres chorvitas. De Cristina le sorprendió su agilidad, aunque no dijo ni pío. Vivían juntos de nuevo y se dedicaban a la carpintería. Los había vuelto a encontrar, daba igual la forma, y eso era grande. No se le escurrirían de nuevo. Buenas noticias, una vez más. La investigación avanzaba. Pero, ¿dónde estaba Carla? Y ellos, ¿cómo habían pasado de millonarios a carpinteros en una semana? Morris les ofreció una taza de café y les pidió que le contaran el resto, lo ocurrido después de la noche del cine y los kebabs. Sigue leyendo

Burkina Faso (XIII)

Corrieron a la ventana. En efecto, aparcado en doble fila, casi frente a su ventana, había un precioso Porsche 911 Carrera, descapotable, de color amarillo, con una resplandeciente palanca de cambio de marchas. Carla estaba sentada en el capó, a modo de chica de calendario, con gafas oscuras, mascando chicle, saludándoles con la mano. Ellas bajaron, recogieron a Fredy en el bar y se montaron en aquel cacharro. Tomaron hacia el sur, en dirección a Pesares. Aquel trasto funcionaba de maravilla. Pararon en una gasolinera a comprar CDs, algo con que alimentar los altavoces de gama alta. Carla estaba en trámites para heredar la fortuna del viejo. Y eso eran muchos millones. Sigue leyendo

Burkina Faso (XII)

El viejo estaba muy mal. Tenía negocios en medio mundo y de todas partes acudía gente, porque sabían que se estaba muriendo. Daba de comer a muchas familias y también a su mayordomo, que iba a visitarle todos los días con una cara hasta los pies.

—No seas cenizo, Jaime —le decía Carla—. Lo que tenga que ser, será. Hemos de estar preparados.

Jaime asentía, lacónico.

—Lo sé, señora. Lo sé.

—Hala, vete a casa y acuéstate. Sigue leyendo