Día de Permiso (XVIII)

Aunque le duraba el susto, Juanjo no parecía alterado. Ni con capacidad para alterarse. Recordaba la cara del Charli, esa mirada, esa expresión, y después la huida por las calles, forzando los músculos, tropezando, con miedo a mirar atrás. Sigue leyendo

Día de Permiso (XVI)

Ahora sonreía, jugueteando con la pulsera de cuero.

—Aquel primo… no sé lo que habrá hecho. Lo mismo está allí todavía, esperando.

—Y, ¿no te da vergüenza robar a un extranjero de esa forma?

—¡Venga ya! En absoluto. De algo hay que vivir, ¿no?

—Quiero decir… con tan poco arte. Sigue leyendo

Día de Permiso (XV)

El tipo de las patillas seguía dándome codazos.

—Tú, no te pierdas, que ahora viene lo mejor. Antes de llegar a la catedral, agarro así del brazo al alemán y le digo: “¿Sigues queriendo ver los tesoros?”. Y dice: “Sí, sí quiero”. Y le digo: “Recuerda que me arriesgo mucho”. Y aquel, venga a decir que sí, hasta que se cosca y saca la cartera. Debía llevar en ella todo lo que traía para las vacaciones.  Sigue leyendo