El que pincha (completo)

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El que pincha (XIV)

En seis meses conseguimos juntar cuatrocientos ochenta mil euros, terminar hasta el gorro el uno del otro y conservar algo de juicio para darnos cuenta de que era el momento de la pausa. Un par de semanas después quedamos para vernos en el hall del hotel Victoria. Sigue leyendo

El que pincha (XII)

Una tarde, viajábamos por la A-42 en dirección a la frontera alemana. Habíamos dejado atrás Lyon cuando Quico despertó de su siesta y se puso a comer pipas, de una bolsa que ya le duraba dos días. Empezó a contarme lo bien que se lo pasaba en sus tiempos. Sigue leyendo

El que pincha (XI)

Por culpa del viaje, del que acabé harto, dejé de ir al hospital, y esto cayó como una bomba en mi familia. Al volver, creyendo que lo habrían olvidado, me topé con que todo seguía igual de mal y todos igual de cabreados conmigo, o sea, muchísimo. Una tarde llegué por sorpresa, a eso de las siete, y encontré la 1114 ocupada por dos nuevas pacientes. Sigue leyendo

El que pincha (X)

Había llovido cuando me desperté. A las cinco de la tarde y dos minutos llegaba al monolito que hay antes de entrar a la biblioteca. Allí estaba Quico, todo él una sonrisa, pero parecía que no había conseguido el bebé.

—Así me gusta —dijo—: puntual y sin agujeros en la ropa.

—Y dale con eso.

—Antes de empezar necesito agua. Sigue leyendo